lunes, 7 de febrero de 2011

de algunas aerolíneas sospechosas y de cómo la union hace la fuerza

Aeropuerto de Valencia, un lunes cualquiera.

Me presentaba esta misma tarde en los mostradores de facturación de tal compañía aérea -cuyo nombre decido no mencionar, pero que será fácilmente deducible-, con la sensación de tener los deberes hechos; una pequeña maleta de peso probablemente inferior a 10kg y la facturación por internet, con el billete en pdf en mi portátil.

Al llegar a dicho mostrador y apuntar que mi facturación está hecha, una señorita de bella sonrisa me indica que sólo falta pasar por la oficina de la compañía para recoger la tarjeta de embarque, pero pagando la irrisoria cantidad de...43 euros! Hacía tiempo que no volaba con esta aerolínea por lo que no estaba actualizado en cuanto a sus nuevas formas de cortesía. A partir de ahí, sólo tenía dos opciones; o bien pasar por un pringao y pagar ese dinero por el estúpido papelito, o bien volver a cruzar el aeropuerto hasta el puesto de comerciales de un tal banco (cuyo nombre no pienso publicitar), que disponían, por lo que había observado, de un ordenador con impresora. Era necesario conectar con su parte más humana, algo a priori complicado tratándose de agentes comerciales. Ello que exigiría como mínimo algo de ingenio y mi mejor sonrisa. He de reconocer que las señoritas fueron extraordinariamente amables y comprensivas y terminaron por imprimirme la dichosa tarjeta de embarque. Les agradecí vehementemente su ayuda y me marché hacia el control de seguridad, con mi tarjeta imprimida en color.

Hasta que llego a la puerta de embarque, donde la aerolínea había instalado cuidadosamente su siguiente criba, el sofisticado y temible medidor-pesador de equipajes. Una obra de ingeniería puntera, precisa, despiadada e infallible. En el primer intento, mi minúscula maleta no encontró espacio para acomodarse y demostrar así su valía... En el segundo intento, habiendo ya vacíado parte de su contenido, el bagaje consiguío entrar. Sin embargo, los azafatos profesionales le diagnosticaron sobrepeso. Era por tanto necesario pagar su dieta, algo no más caro de.....40 euros. Y en ese momento, y sin solicitar la ayuda de nadie, dos personas se ofrecieron para descomponer mi equipaje en partes y transportarlo colectivamente. Acepté sin pensarlo..
Finalmente, la solidaridad de unos desconocidos permitió que la maleta franqueara la barrera en el tercer intento, hasta llegar sana y salva a su compartimento correspondiente en el avión.

A efectos prácticos, la solidaridad de varios desconocidos me ha ahorrado dos disgustos y casi ochenta euros (lo primero más desagradable creo yo). Es más, gracias a ellos, estoy de muy buen rollo por haber burlado las retorcidas trampas de una sanguijuela económica. A efectos teorícos, la anecdota demuestra, a menor o mayor escala, que la unión hace la fuerza. Son precisamente los valores parecidos a la solidaridad o la humanidad los que pueden lograr que esa clase de sanguijuelas se convierta algún día en una especie en vías de extincción. No esta claro que lo vayamos a vivir, pero una cosa es segura, ese es el camino a seguir. Me quedo con el ejemplo....

1 comentario:

  1. Ey! soy Juan el del avión, ¿que tal te va todo? al final me dieron la beca Erasmus para Lodz (Polonia) te dejo el enlace de un blog que he creado por si me quieres seguir o dar consejos, aquí te lo dejo, un saludo y espero que te vaya todo bien,

    http://eljuaniporlodz.blogspot.com/

    Juanillo

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